La liturgia del hierro en el techo de Europa
El silbato del convoy apenas altera la quietud mineral de Chur, la ciudad más antigua de Suiza. Cuando las ruedas de acero del Bernina Express muerden el primer tramo de vía métrica, el viajero no solo inicia un desplazamiento físico hacia el sur; se adentra en un prodigio de la ingeniería decimonónica que desafió las leyes de la orografía alpina sin recurrir a cremalleras. Gestionado por la Ferrocarril Rético (Rhätische Bahn), este trazado ferroviario no responde a la prisa contemporánea, sino a una cadencia calculada donde cada curva de herradura y cada viaducto de sillar granítico componen un diálogo silencioso entre la ambición humana y la geología más indómita.
A diferencia de las líneas de alta velocidad que perforan la roca para ignorar el paisaje, la línea de Albula y Bernina —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008— optó por ascender a cielo abierto. A lo largo de 122 kilómetros, el tren salva desniveles de hasta 70 milésimas, trepando desde los valles húmedos del Rin hasta los 2.253 metros de altitud en Ospizio Bernina, para descender con idéntica serenidad hacia las palmeras y los huertos soleados de Tirano, ya en territorio italiano. Es una de las pocas travesías en el planeta donde el cambio bioclimático y cultural puede observarse en una sola mañana a través de ventanales panorámicos de cristal curvado.
La garganta del Albula y el triunfo de la piedra
La salida desde Chur discurre en paralelo a las aguas lechosas del Rin Posterior, ganando altura de forma casi imperceptible hasta alcanzar Thusis. Aquí comienza el verdadero desafío estructural del sector Albula, concebido a finales del siglo XIX por el ingeniero Friedrich Hennings. La roca caliza y el esquisto de las gargantas de Schyn exigieron la perforación de túneles helicoidales ciegos, una solución geométrica donde el tren gira sobre sí mismo en el interior de la montaña para ganar cota sin superar la inclinación crítica que provocaría el patinaje de las ruedas tractoras.
El paso por Filisur anticipa el momento más reconocible de la red ferroviaria suiza: el viaducto de Landwasser. Levantado entre 1901 y 1902 sin andamios convencionales debido a las crecidas del torrente, sus seis arcos de 20 metros de luz se sostienen sobre pilares de caliza oscura de 65 metros de altura. El tren describe una curva cerrada de cien metros de radio y entra directamente en el túnel homónimo excavado en la pared vertical del acantilado. Visto desde los vagones de cola, el convoy parece flotar sobre un abismo verde mientras la locomotora desaparece en la boca de la roca viva.
- Longitud total de la línea: 122 kilómetros entre Chur / St. Moritz y Tirano.
- Punto de mayor elevación: Ospizio Bernina, a 2.253 metros sobre el nivel del mar.
- Punto más bajo: Tirano, a 429 metros de altitud.
- Infraestructuras singulares: 55 túneles y galerías cubiertas, 196 puentes y viaductos mayores.
- Pendiente máxima: 7% sin tracción por cremallera en el tramo del Bernina.
Engadina: la meseta de la luz y el silencio
Tras superar el túnel de Albula —un conducto de casi seis kilómetros que cruza la divisoria de aguas entre el mar del Norte y el mar Negro—, la atmósfera muta de manera drástica. La alta Engadina se abre como una cubeta de luz intensa, enmarcada por bosques de alerces y cumbres que superan los tres mil metros. Localidades como Samedan y Pontresina exhiben la arquitectura tradicional engadinesa, caracterizada por muros masivos de piedra cubiertos de esgrafiados geométricos y pequeñas ventanas abocinadas diseñadas para conservar el calor frente a los rigores del invierno.
En Pontresina, el Bernina Express se desvincula formalmente de la red electrificada a 11 kV de corriente alterna para acometer el verdadero ferrocarril del Bernina, operado con corriente continua a 1.000 voltios mediante automotores de tracción múltiple Allegra (Abe 8/12). Esta dualidad técnica permite al convoy absorber la energía generada durante las frenadas en los descensos y devolverla a la catenaria, optimizando el consumo energético de la línea en un ciclo cerrado de alta eficiencia.

«El ferrocarril del Bernina no conquista la montaña; se amolda a sus pliegues con la precisión de un sastre alpino y la devoción de quien comprende que el paisaje manda sobre la máquina.»
La frontera del hielo: Ospizio Bernina y el Lago Bianco
El ascenso hacia el puerto de Bernina deja atrás el límite de la vegetación arbórea. El paisaje se torna austero, dominado por morrenas glaciares, canchales y la mole imponente del Piz Palü y el Piz Bernina, el cuerno de cuatro mil metros más oriental de los Alpes. A la altura de la parada facultativa de Morteratsch, la lengua del glaciar homónimo se hace visible, dejando testimonio evidente del retroceso del hielo a través de las marcas históricas documentadas a lo largo de la senda del valle.
Alcanzar el Lago Bianco supone coronar el techo ferroviario de la travesía. A 2.253 metros de altitud, esta masa de agua de origen glaciar presenta un tono lechoso característico debido a las partículas minerales en suspensión arrastradas por los torrentes de deshielo. A escasos metros se encuentra el Lago Nero, cuyas aguas oscuras y transparentes vierten hacia la cuenca del Danubio, mientras que el Lago Bianco drena hacia el río Po y el mar Adriático. Aquí el tren parece navegar en una soledad polar, especialmente durante los meses en que la nieve cubre por completo las vías y las máquinas quitanieves rotativas de doble turbina deben despejar el paso antes de la primera frecuencia comercial.
Alp Grüm: el mirador suspendido sobre Valposchiavo
Poco después de dejar atrás la estación de Ospizio Bernina, el trazado se asoma al abismo meridional en Alp Grüm, una estación y refugio construida enteramente con bloques de granito local. Desde este balcón natural, el viajero contempla una panorámica frontal del glaciar Palü y la caída vertiginosa de más de mil metros hacia el fondo del Valposchiavo. En este punto no existen carreteras de acceso para vehículos a motor; la estación es accesible únicamente sobre raíles o a través de senderos alpinos.
En Alp Grüm, el tren inicia un descenso vertiginoso que pone a prueba los sistemas electrodinámicos y magnéticos del material rodante. Mediante una sucesión de curvas en herradura excavadas en la pendiente boscosa de Cavaglia, la vía pierde altura a razón de 70 metros verticales por cada kilómetro de recorrido. En las inmediaciones de Cavaglia, el retroceso del glaciar esculpió durante la última glaciación las célebres «Marmitas de los Gigantes» (Gletschergarten), enormes pozos cilíndricos erosionados por la fuerza del agua y la grava que pueden visitarse durante los meses estivales apeándose en la parada homónima.
La transición cultural en Poschiavo
Al llegar al fondo del valle, la atmósfera vuelve a transformarse. Poschiavo, la capital del distrito, recibe al convoy con un trazado urbano señorial de reminiscencias neoclásicas. Aquí, el alemán y el romanche ceden su hegemonía al dialecto suizo-italiano (poschiavino), y los tejados de madera y zinc son sustituidos por losas de piedra oscura. La arquitectura del llamado «Barrio de los Españoles» refleja el regreso de los emigrantes locales que hicieron fortuna en el extranjero durante el siglo XIX y volvieron para construir villas aristocráticas a lo largo de la vía principal.
El tren bordea a continuación las aguas cristalinas del lago de Poschiavo en dirección a Le Prese y Miralago. En algunos puntos de este tramo, la vía férrea se integra directamente en la calzada urbana, obligando a los convoyes a convivir puntualmente con el tráfico rodado local, tocando su campana de advertencia en un ritual sonoro que evoca la época de los antiguos tranvías interurbanos.

El viaducto helicoidal de Brusio: una espiral de pura lógica
Si el viaducto de Landwasser representa la elegancia de la línea de Albula, el viaducto en espiral de Brusio encarna el genio resolutivo del trazado del Bernina. Ubicado poco antes de la frontera italiana, este puente de mampostería de nueve arcos y 110 metros de longitud total fue concebido para solventar un desnivel insalvable en un espacio horizontal extraordinariamente restringido sin recurrir a costosos túneles subterráneos.
El convoy describe un giro completo de 360 grados al aire libre, pasando bajo su propio arco central tras haber descendido diez metros de altura en un radio de curva de apenas 70 metros. Esta estructura monumental, construida con piedra gneiss extraída de las canteras cercanas, permite que los pasajeros sentados en ambos costados del tren contemplen la totalidad del viaducto y el valle circundante mientras la gravedad es domada por el cálculo matemático.
De la niebla alpina a los viñedos de Tirano
Tras cruzar el puesto fronterizo de Campocologno, el Bernina Express penetra en territorio italiano y se adentra en la llanura aluvial del río Adda. El paisaje se tapiza de viñedos aterrazados donde se cultiva la uva Nebbiolo para la producción de los reputados vinos tintos de Valtellina. El contraste con las cumbres heladas cruzadas apenas dos horas antes resulta sobrecogedor: el aire se torna tibio, la vegetación se enriquece con higueras y laureles, y la luz mediterránea baña la plaza de la Basílica de la Madonna di Tirano.
El final de trayecto en la estación de Tirano sitúa al viajero a 429 metros sobre el nivel del mar, habiendo descendido más de 1.800 metros de altitud neta desde el paso del Bernina. En la plaza anexa, los restaurantes locales sirven especialidades lombardas como los pizzoccheri —pasta de trigo sarraceno con col rizada, patatas y abundante queso Bitto fundido—, sellando una transición cultural ininterrumpida que solo el ferrocarril es capaz de articular con semejante fluidez.
Guía práctica para planificar la travesía
La realización del recorrido del Bernina Express exige una planificación precisa para maximizar la experiencia a bordo y aprovechar la flexibilidad que ofrece el billete ordinario frente a las reservas de asientos panorámicos obligatorias.
- Diferencia entre trenes: Existen convoyes panorámicos oficiales «Bernina Express» (que requieren reserva de asiento y suplemento) y trenes regionales ordinarios de la RhB (marcados como R o RE). Los trenes regionales cubren exactamente la misma vía, circulan cada hora, permiten abrir las ventanillas para tomar fotografías sin reflejos y no exigen pago de suplemento.
- Coches descubiertos de verano: Durante julio y agosto, determinados trenes regionales incorporan vagones descubiertos amarillos (Aussichtswagen) en el tramo de montaña, ideales para sentir la temperatura alpina y el aroma de los bosques de resinosas.
- Títulos de transporte válidos: El Swiss Travel Pass y el pase Eurail/Interrail son válidos para cubrir la totalidad de la ruta entre Chur/St. Moritz y Tirano. En los servicios panorámicos oficiales es preceptivo abonar el suplemento de reserva de plaza con antelación.
- Conexión de retorno: Desde Tirano es posible regresar a Suiza en el autobús oficial «Bernina Express Bus» hacia Lugano durante la temporada estival, o bien enlazar con la red de trenes de Trenord hacia Milán y el lago de Como.
- Mejor época para viajar: El otoño (octubre) ofrece el espectáculo visual de los alerces dorados en Engadina y la vendimia en Valtellina; el invierno (enero a marzo) transforma el paso de Bernina en un desierto blanco ártico plenamente operativo.
El Bernina Express perdura no solo como un hito del transporte mundial, sino como un recordatorio elocuente de que viajar no consiste en anular la geografía, sino en honrar cada metro de roca, pendiente y valle que separa dos mundos.





