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La revolución del hidrógeno en los ferrocarriles regionales: El Coradia iLint y la transformación de las líneas no electrificadas en Europa

Un análisis profundo sobre cómo la tecnología de pilas de combustible de hidrógeno está sustituyendo a los antiguos trenes diésel en rutas secundarias de Europa, combinando autonomía, cero emisiones y viabilidad económica para conectar territorios rurales.

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El ocaso del diésel en la periferia ferroviaria

Durante décadas, la columna vertebral del transporte europeo se ha fracturado en dos realidades muy distintas: por un lado, los corredores de alta velocidad y las líneas principales electrificadas, símbolos de modernidad y eficiencia; por otro, las arterias secundarias y rurales que vertebran el territorio, condenadas al uso de locomotoras diésel altamente contaminantes. A medida que las metrópolis se adaptaban a la transición ecológica, la campiña, los valles montañosos y las regiones costeras continuaban dependiendo de combustibles fósiles para mantener conectadas a sus comunidades más dispersas. Electrificar miles de kilómetros de vías secundarias mediante catenarias tradicionales resulta, en la inmensa mayoría de los casos, económicamente inviable y ambientalmente invasivo. Los costes de instalación, el impacto visual en paisajes protegidos y los largos plazos de ejecución paralizan cualquier intento de modernización integral por esta vía clásica.

Es en este escenario de estancamiento donde surge una alternativa tecnológica llamada a redefinir el paradigma de la movilidad regional: el tren propulsado por hidrógeno. No se trata de una promesa futurista relegada a laboratorios de investigación, sino de una realidad rodante que ya transporta pasajeros en líneas comerciales regulares. La tecnología de pilas de combustible ofrece una solución elegante al dilema de la descarbonización ferroviaria, permitiendo eliminar las emisiones directas de CO2 y óxidos de nitrógeno sin necesidad de erigir costosas infraestructuras de tendido eléctrico a lo largo de cientos de kilómetros de vía única. El reto, por tanto, ya no es técnico, sino logístico, financiero y de planificación territorial.

La ingeniería detrás de la pila de combustible

Para comprender el alcance de esta revolución, es necesario analizar el funcionamiento interno de unidades como el Alstom Coradia iLint, el pionero mundial en el transporte comercial de pasajeros con hidrógeno. A diferencia de un tren eléctrico convencional que toma la energía de una catenaria, o de un tren diésel que quema combustible en un motor de combustión interna, el tren de hidrógeno genera su propia electricidad a bordo mediante un proceso electroquímico. En el techo de los vagones se ubican tanques de almacenamiento de hidrógeno gaseoso a alta presión y pilas de combustible. El hidrógeno se combina con el oxígeno capturado del aire exterior, generando electricidad que alimenta las baterías de iones de litio y los motores de tracción del tren.

El único subproducto de esta compleja reacción química es algo tan inocuo como el agua vaporizada y condensada. La eficiencia energética de este sistema supera ampliamente a la de los motores diésel tradicionales, reduciendo además de manera drástica la contaminación acústica, un factor altamente valorado por los residentes que viven junto a las vías férreas. Además, estos trenes incorporan sistemas de frenado regenerativo, capaces de recuperar y almacenar en las baterías la energía cinética generada durante las desaceleraciones, optimizando al máximo el consumo energético en perfiles de ruta con paradas frecuentes y topografías accidentadas.

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Baja Sajonia y el despliegue pionero en Alemania

El banco de pruebas definitivo para esta tecnología se ha desarrollado en el norte de Alemania, concretamente en el estado federado de Baja Sajonia (Niedersachsen). A finales de 2022, la autoridad de transporte local (LNVG) puso en marcha la primera flota totalmente comercial del mundo compuesta por 14 trenes de hidrógeno Coradia iLint, operados por la compañía regional evb (Eisenbahnen und Verkehrsbetriebe Elbe-Weser). Estos convoyes reemplazaron de manera definitiva a la antigua flota de automotores diésel en la pintoresca ruta que conecta Cuxhaven, Bremerhaven, Bremervörde y Buxtehude, un tramo de aproximadamente 100 kilómetros de longitud donde la electrificación por catenaria se había descartado por su prohibitivo coste económico.

El éxito de esta implantación no ha estado exento de desafíos operativos. La puesta en marcha requirió la construcción de una estación específica de repostaje de hidrógeno en la localidad de Bremervörde, desarrollada en colaboración con la empresa industrial Linde. Esta planta cuenta con capacidades de almacenamiento masivo y sistemas de compresión capaces de repostar una unidad completa en tiempos similares a los de un tren diésel convencional, garantizando una autonomía diaria que supera los mil kilómetros. Los datos acumulados durante los primeros años de operación comercial confirman que la fiabilidad técnica de las pilas de combustible es equiparable a la de los sistemas de propulsión tradicionales, disipando los temores iniciales sobre la fragilidad de los componentes en condiciones meteorológicas adversas.

La transición energética en el transporte no consiste únicamente en sustituir una fuente de energía por otra en las grandes ciudades, sino en garantizar que los territorios rurales no queden confinados en la obsolescencia tecnológica.

Autonomía y desafíos operativos en la red secundaria

Uno de los mayores atractivos de los trenes propulsados por hidrógeno es su flexibilidad operativa. Mientras que un tren eléctrico queda indisolublemente ligado a la existencia de una catenaria y un tren de batería pura sufre limitaciones severas de autonomía en recorridos largos sin puntos de recarga intermedios, el hidrógeno ofrece un radio de acción muy superior. Una única carga permite operar una jornada completa en líneas de alta exigencia, lo que facilita su integración en los horarios y mallas de explotación ya existentes sin necesidad de modificar drásticamente la infraestructura de las estaciones terminales.

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Sin embargo, la cadena de suministro del hidrógeno presenta retos colosales que los operadores ferroviarios deben resolver con precisión milimétrica. Para que el beneficio ambiental sea real, el hidrógeno utilizado debe ser clasificado como «verde», es decir, producido exclusivamente mediante la electrólisis del agua utilizando electricidad procedente de fuentes renovables como la eólica o la solar. Actualmente, gran parte del hidrógeno industrial disponible en el mercado procede de combustibles fósiles (hidrógeno gris), lo que anularía las ventajas climáticas si se utilizara masivamente en la red ferroviaria. Por ello, las empresas ferroviarias exigen a sus proveedores contratos de suministro certificados con garantías de origen renovable, impulsando indirectamente la creación de un mercado de hidrógeno limpio a escala regional.

Infraestructura de repostaje: el cuello de botella industrial

El despliegue de cualquier tecnología de transporte basada en combustibles alternativos choca inevitablemente con el dilema del huevo y la gallina: los operadores no compran trenes si no existen hidrogeneras, y las empresas energéticas no invierten en hidrogeneras si no hay una flota suficiente que garantice la demanda constante. Resolver este equilibrio financiero requiere una estrecha colaboración público-privada y el diseño de subvenciones estatales orientadas a la inversión en infraestructura pesada. A diferencia de los automóviles particulares, donde las estaciones de servicio se distribuyen en una red capilar, el ferrocarril requiere puntos de repostaje de alta capacidad situados estratégicamente en nudos ferroviarios específicos.

En Europa, los corredores de transporte secundario suelen atravesar regiones con baja densidad de población pero con un intenso tráfico de cercanías y media distancia. Esto obliga a planificar la ubicación de las plantas de producción y almacenamiento de hidrógeno cerca de talleres de mantenimiento ya existentes. La logística del transporte del propio hidrógeno —ya sea en estado gaseoso a alta presión mediante camiones nodriza o en estado líquido a temperaturas criogénicas extremas— añade una variable de complejidad en la cadena de costes que los operadores analizan con lupa antes de comprometerse a una sustitución completa de sus parques móviles.

El caso de Francia y la apuesta por la bimodalidad

Más allá de Alemania, otros países europeos han pisado el acelerador en la adopción de esta tecnología, adaptándola a sus particulares necesidades geográficas y ferroviarias. SNCF Voyageurs, la empresa nacional de ferrocarriles de Francia, ha encargado unidades duales (bimodales) capaces de operar tanto en líneas electrificadas tradicionales mediante catenaria como en rutas secundarias utilizando la pila de combustible de hidrógeno. Esta versatilidad permite que un mismo tren circule sin interrupciones desde una gran área metropolitana hasta el corazón de una comarca rural, eliminando los molestos transbordos que tradicionalmente penalizan la competitividad del transporte público frente al vehículo privado.

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Las regiones francesas de Occitania, Auvernia-Ródano-Alpes, Gran Este y Borgoña-Franco Condado han cofinanciado la adquisición de estos trenes híbridos, cuyas primeras unidades de prueba ya ruedan en vías de validación. La estrategia francesa no busca una sustitución masiva inmediata, sino una integración paulatina que acompañe el desarrollo de los centros regionales de producción de hidrógeno verde. Esta planificación escalonada permite a los ingenieros ajustar el rendimiento de las baterías y las pilas de combustible a las exigencias específicas de la orografía francesa, desde los valles pirenaicos hasta las mesetas del este.

Impacto socioeconómico en las comunidades rurales

El valor de la movilidad sostenible en el ámbito rural trasciende con creces la mera reducción de emisiones contaminantes. Para muchas comunidades periféricas, el ferrocarril representa el único vínculo fiable con los servicios sanitarios, educativos y laborales de las capitales de provincia. Durante años, la baja rentabilidad económica y el elevado coste de mantenimiento de los antiguos trenes diésel han llevado a la amenaza constante de cierre de numerosas líneas secundarias, un proceso de desarticulación territorial que fomenta la despoblación y el aislamiento.

La introducción de una tecnología limpia, silenciosa y moderna en estas líneas actúa como un catalizador de revitalización regional. La modernización del parque móvil atrae a nuevos usuarios, incrementa la percepción de calidad del servicio público y revaloriza el territorio como destino de turismo sostenible. Asimismo, la instalación de plantas locales de producción de hidrógeno verde genera empleo técnico cualificado en zonas tradicionalmente castigadas por la emigración juvenil y la falta de oportunidades industriales diversas, cerrando el círculo de la cohesión social y territorial.

Desafíos económicos y costes de ciclo de vida

A pesar del entusiasmo tecnológico, la viabilidad financiera de los trenes de hidrógeno sigue siendo objeto de rigurosos debates en los consejos de administración de las compañías ferroviarias. Actualmente, el coste de adquisición de un tren de hidrógeno supera significativamente al de un automotor diésel convencional, debido a la novedad de los componentes y a la baja escala de fabricación industrial. No obstante, los analistas económicos insisten en que evaluar esta tecnología exclusivamente por el precio de compra inicial es un error de perspectiva; es imprescindible analizar el coste total del ciclo de vida (TCO).

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En el cálculo del TCO se deben ponderar factores como el coste previsible de los combustibles fósiles a largo plazo —afectados por los impuestos al carbono y la volatilidad geopolítica—, los menores costes de mantenimiento de los motores eléctricos frente a los complejos mecanismos de combustión interna, y el ahorro derivado de no tener que construir catenarias en zonas de orografía compleja. A medida que las cadenas de suministro de hidrógeno maduren y los volúmenes de producción aumenten, se proyecta que la paridad de costes entre el diésel y el hidrógeno se alcance antes de finales de la presente década.

Invertir en la modernización de las líneas secundarias mediante tecnologías de cero emisiones no es un lujo presupuestario, sino una necesidad estratégica para garantizar la equidad en el acceso a la movilidad del siglo XXI.

El horizonte del transporte ferroviario sostenible

El despliegue de los trenes de hidrógeno en las redes ferroviarias regionales de Europa marca un punto de inflexión en la historia de la movilidad sostenible. Lejos de ser una solución única y universal, el hidrógeno se consolida como la pieza que faltaba en el mosaico de la descarbonización, complementando de manera perfecta a la electrificación clásica y a las baterías de corta autonomía. Las experiencias piloto en Baja Sajonia y los desarrollos en curso en Francia, Italia y el Reino Unido demuestran que la transición técnica es plenamente viable cuando existe voluntad política y colaboración industrial.

El verdadero éxito de esta transformación dependerá de la capacidad de los gobiernos y las empresas energéticas para garantizar un suministro masivo de hidrógeno verdaderamente verde a precios competitivos. Si se superan estos escollos económicos y logísticos, las vías secundarias de Europa dejarán de ser reliquias del pasado industrial para convertirse en los corredores de vanguardia de una nueva era de cohesión territorial, donde el progreso tecnológico y la preservación del paisaje rural caminan finalmente de la mano.

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Información práctica para viajeros y profesionales

    Rutas comerciales operativas: La línea Buxtehude–Bremervörde–Bremerhaven–Cuxhaven en Baja Sajonia (Alemania) es actualmente la red plenamente comercial con mayor kilometraje operado exclusivamente por trenes de hidrógeno.

    Planificación de viajes: Los horarios de estos servicios especiales están plenamente integrados en las aplicaciones oficiales de transporte regional alemán (como FahrPlaner y la web de DB), operados por la compañía regional evb.

    Futuras expansiones: Se están realizando pruebas avanzadas y encargos en regiones de Francia (Occitania y Auvernia-Ródano-Alpes), Italia (Valle de Aosta) y el Reino Unido para incorporar unidades similares en los próximos años.

    Acceso técnico: Los profesionales del sector pueden consultar los informes de rendimiento operativo publicados periódicamente por la LNVG (Autoridad de Transporte de Baja Sajonia) sobre fiabilidad y consumo energético real.

Lucas HartmannExplore further.

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